Estar enfermo no es nuestra culpa, pero detener la propagación es nuestra responsabilidad

Rosa Sierra | Central Falls, RI

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Mi nombre es Rosa y soy de Rhode Island. Mi trabajo en Progreso Latino mantiene al COVID-19 presente en mi mente ya que los proyectos en los que trabajamos se centran en ayudar a las personas durante la pandemia, tanto para prevenir enfermedades como para recuperarse de su impacto, ya sea la pérdida del empleo, los efectos económicos y financieros a largo plazo o la muerte de un ser querido. 

 

Cuando di positivo por primera vez con COVID-19, me sorprendió. No me sentí mal al principio, pero a medida que avanzaba el período de cuarentena experimenté más síntomas. Los remedios caseros de mi abuela me ayudaron mucho: limon, ajo, jengibre, gárgaras con agua y sal caliente... Por suerte, logré sanarme sin transmitirle la enfermedad a nadie y me sentí lista para volver a mi vida normal. Para mi sorpresa, volví a dar positivo, solo dos meses después del primer diagnóstico. En ese momento, todos creíamos que el período de inmunidad duraba hasta 3 meses, pero cuando perdí el sentido del gusto y el olfato, supe que tenía COVID-19 nuevamente y que esta vez sería mucho peor. Poco después mi compañero de cuarto también se enfermó y volvimos a ponernos en cuarentena, pero con pereza de cocinar alimentos sin sabor, abrumados por la fatiga y sientiéndonos más aislados que antes.  

 

Después de experimentar eso, no podía esperar para vacunarme. No quería enfermarme de nuevo, pero tampoco quería tener que preocuparme tanto por enfermar a quienes me rodeaban. Fue angustioso esperar a que mis amigos y familiares recibieran sus resultados mientras yo estaba en mi segunda cuarentena, que sucedió justo después de las vacaciones.  

 

Sé que esta experiencia es muy común para mi comunidad latina y su situación ha sido un poco peor por miedo a perder el trabajo, hospitalizaciones y muertes por causa del COVID. Tuve el privilegio de mantenerme a flote y tomarme un tiempo libre sin preocupaciones, con mi salud y la de mis seres queridos aún intacta. No todos tienen tanta suerte.  

 

El mensaje que espero que la comunidad se lleve es que con la vacuna tenemos la mayor y mejor oportunidad de prevención que nunca. Estar enfermo no es nuestra culpa, pero detener la propagación es nuestra responsabilidad. Las pérdidas y el dolor del COVID-19 no son inevitables. Todos merecemos conservar nuestros trabajos, nuestra salud y nuestras vidas.